Desdivinizar a Abelardo

30/11/2016

•  21:00 h.

Abelardo corre un serio peligro de asfixiarse con su propio éxito y también de hacerlo deportivamente con el Sporting si no cambia su proceder. El Pitu está encima de un pedestal al que todos hemos ayudado a auparlo y desde el que no percibe la realidad como lo hace el resto. Lo hemos divinizado colectivamente y se atribuye actitudes de un ser supremo que, especialmente desde dentro de la sociedad anónima deportiva gijonesa, deben erradicar manteniendo un diálogo muy serio y profundo con él. Dos actores de la entidad deportiva rojiblanca han de ser claves en la terrenalización del entrenador del Sporting para recuperar su mejor versión: Nico Rodríguez, director deportivo, en todo lo que atañe a los temas relacionados con lo que acontece sobre el césped y, por supuesto, Javier Fernández, presidente y máximo accionista, en lo relativo al resto de aspectos de su cargo.

Cuando aún restan por disputarse setenta y cinco puntos de liga hay tiempo para lograrlo si realmente existe una voluntad sincera entre las partes. Porque por mucho que ciertas voces se empeñen en calificar como final el encuentro del domingo contra Osasuna, el campeonato no bajará el telón y estarán esperando setenta y dos puntos para ser conquistados. Pero hay que actuar ya para que Abelardo recupere un rumbo que paulatinamente lleva perdiendo desde hace más de dos meses.

Nico Rodríguez debe coger el toro por los cuernos y hacer reflexionar de una vez por todas al Pitu sobre la forma en la que está gestionando una plantilla nueva después de efectuar trece incorporaciones. Al director deportivo es al primero que no le gusta cómo están exprimiendo Abelardo y su cuerpo técnico los recursos humanos que tiene a su alcance. El gijonés de origen francés ve como muchos otros que este equipo no puede jugar dispuesto según un 4-4-2 o un 4-2-3-1 porque está siendo descosido por dentro y por fuera por la mayoría de los equipos de Primera División.

Con dos centrales que por diferentes motivos no están aportando ni de cerca el nivel que Bernardo y Luis Hernández habían certificado durante dos temporadas, con un centro del campo huérfano de un medio centro jerárquico que le dote de empaque con y sin la pelota, unas bandas carentes de extremos específicos y sin dos delanteros cuyo nivel de pegada justifique su titularidad a la vez; jugar con cualquiera de esos dos dibujos tácticos se ha demostrado durante diez jornadas y media que es un error reiterado que está hundiendo en el pozo de la clasificación al Sporting. Nico Rodríguez debe ser el encargado de abrir los ojos a Abelardo y sacarlo de su empecinamiento. Porque su segundo entrenador, Iñaki Tejada, es un fiel convencido de ese sistema y está ejerciendo de auténtico lastre con el Pitu.

En Chamartín Abelardo parecía haber tomado la dirección correcta al armar a los suyos con un 5-4-1 que le fortalecía en el eje de la defensa, generaba dos bandas con largo recorrido en ambos sentidos y reforzaba el centro del campo con dos jugadores por los costados con vocación de trabajar con y sin balón por dentro. Sin embargo, incomprensiblemente, el técnico gijonés decidió en la Copa del Rey retomar la senda equivocada y sus futbolistas volvieron a dejar al descubierto sus numerosos puntos débiles. Algo que no puede volver a suceder. Y de ello debe encargarse Nico Rodríguez. Por algo se le ha investido desde el consejo de administración como el máximo responsable en materia deportiva. Él debe hablar sin zonas ocultas con Abelardo y poner todo de su parte para rescatar al entrenador del Sporting.

Tanta faena como a Nico Rodríguez le aguarda a Javier Fernández. El presidente y dueño del Sporting al que une una mutua afinidad enorme con Abelardo, debe dejar a un lado los abrazos y las carantoñas, para acabar de una vez por todas con las salidas de pata de banco del Pitu en rueda de prensa. Debe aconsejarle que su volcánico pronto de Aries se lo debe reservar para su trato personal con familiares, amigos y allegados, pero que cuando habla como entrenador del Sporting está ejerciendo como portavoz de una institución centenaria que no debe dar cabida jamás a tacos y faltas de respeto para defender nada.

Resulta legítimo y necesario incluso, que Abelardo en este caso, pero el Sporting en general, denuncien la falta de veracidad de una información si así lo consideran. Pero siempre con un estilo acorde a más de cien años de historia y sabiendo elegir el momento oportuno. El espectáculo que se produjo en la sala de prensa de El Molinón tras el final del partido con el Eibar es inaceptable y no puede volver a repetirse nunca.

Otro campo que en este caso sí que deberían abordar de forma conjunta Nico Rodríguez y Javier Fernández con Abelardo es la gestión psicológica del grupo humano de futbolistas que tiene bajo su responsabilidad. Algo que nunca ha sido el punto fuerte del Pitu como entrenador. Urge recuperar los servicios profesionales de Richi Serrés como coach. Bajo su periplo trabajando la pasada temporada en Mareo, el Sporting sumó más del 55% de los puntos en disputa y fue una pata básica para lograr una más que meritoria permanencia. Los futbolistas son unos profesionales sometidos a unas dosis de presión enorme por todo lo que rodea a este deporte y resulta obligado poner a su alcance herramientas útiles para enseñarles a canalizarla y gestionarla positivamente. Algo que ahora no está sucediendo en absoluto. Y que es un error mayúsculo.

Desde Golaverage no creemos que la destitución de un entrenador sea la solución, salvo con dos excepciones, el que tenga a una amplia mayoría de la plantilla en su contra y sea incapaz de gobernarla o por manifiesta incapacidad profesional. No pensamos sinceramente que Abelardo cumpla ninguno de los dos supuestos. Pero su crédito no puede ser infinito. Y por mucho que Javier Fernández pretenda mantenerle en el cargo hasta final de temporada, como el viento huracanado empiece a levantarse desde las gradas de El Molinón pidiendo su cabeza porque continúen sin llegar los resultados, hará como todos los dirigentes. No aguantar el tirón y echarlo. Sería su segundo entrenador cesado. Con el primero lo hizo mal y tarde.