Burgui resucita en Butarque

El extremo extremeño firmó su mejor media hora de fútbol desde que está en el Sporting y fue clave junto a Herrerín en el trascendental triunfo rojiblanco

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Burgui golpea un balón durante un entrenamiento en Mareo./ ANDREA FERNÁNDEZ

Rubén Díaz Méndez

13/02/2017

• 14:15

Después de veintidós jornadas plagadas de densas sombras, salvo un buen segundo tiempo frente al Athletic de Bilbao actuando como segundo punta en la primera jornada de campeonato, Jorge Franco Alviz "Burgui" sacó a la luz aquello por lo que la dirección deportiva rojiblanca decidió obtener su cesión del Real Madrid. Velocidad, una conducción potente gracias a su poderosa zancada, desborde, imprevisibilidad, verticalidad buscando la línea de fondo para centrar o asistir e incluso gol. Medio año hubo que esperar para que por fin el atacante de Burguillos del Cerro explotara como extremo izquierdo jugando a pierna cambiada. Y lo hizo cuando el Sporting se jugaba la vida. Porque todo lo que no hubiese sido ganar al Leganés, supondría tener la Segunda División a tiro de piedra.

Burgui saltó al césped del campo del sur de Madrid a los cincuenta y seis minutos de juego para sustituir a Isma López. Y el futbolista del Real Madrid despachó treinta y cuatro minutos, más cuatro de tiempo añadido, a un nivel como no se le había visto en ningún partido precedente. Su actuación fue clave para revitalizar a un Sporting que aparte de orden y sacrificio - lo que en fútbol es el equivalente al valor en los soldados - había sido incapaz hasta su entrada de aportar algún destello de fútbol más allá de cuando el balón pasaba por los pies de Moi Gómez. Porque la búsqueda incesante y previsible de Lacina Traoré fue un recurso absolutamente baldío. Pero la aparición de Burgui es indiscutible que transformó al equipo rojiblanco cuando peor lo estaba pasando.

El exterior extremeño fue un martirio para Bustinza. El lateral derecho del Leganés entendió desde la primera vez que lo encaró el rojiblanco, que iba a pasarlo realmente mal para poder maniatarlo. Las estadísticas pocas veces engañan. Y las individuales de Burgui frente al conjunto pepinero proclaman a los cuatro vientos que su influjo sobre el juego del Sporting fue sencillamente básico para poder inclinar el encuentro del lado gijonés. Solo el error descomunal de Herrerín al escapársele incomprensiblemente el disparo de Canella desde fuera del área en la acción del primer gol, fue más determinante por el mazazo psicólogico que supuso para los jugadores de Garitano.

Burgui fue más vertical que nunca hasta la fecha. Desde el costado izquierdo logró ejecutar cuatro envíos que fueron despejados con serios problemas por la defensa blanquiazul. Uno de ellos fue el que Mantovani se quitó de encima como pudo en el interior del área pequeña y que originó el saque de esquina del tanto oxigenante de Canella. Un balón que Burgui, en una jugada de estrategia, sirvió al lateral lavianés cerca de la frontal, mientras en la zona caliente de la jugada había diez futbolistas de uno y otro equipo esperando su envío al interior del área. Además, cuando tuvo que asociarse por dentro lo hizo siempre con acierto. Lo demuestra el hecho de haber trazado correctamente los cuatro pases que intentó. Uno de ellos un preciso cambio de orientación hacia la banda derecha.

El peligro que siempre llevó Burgui cuando entró en contacto con el balón lo demuestra que en un partido de juego súper directo, en poco más de media hora de juego, fue objeto de dos faltas en campo rival. Pero también fue capaz de ejecutar con acierto un par de regates. Aunque sin duda su mayor contribución fue dejar el partido visto para sentencia al ser el autor del segundo gol. Una jugada en la que contó con la fortuna de su lado. Porque se aprovechó de un resbalón inoportuno de Bustinza, cuando el lateral intentaba despejar un balón que salió desviado hacia ese lado, tras forcejear Castro con Mantovani por un cabezazo frontal defensivo de Amorebieta.

Lo que es cierto es que Burgui aprovechó el trastabilleo del lateral, para con una zancada poderosa, plantarse en el área y ante la salida de Herrerín, sacar un preciso golpeo con su interior derecho para alojar el balón junto al palo izquierdo del portero local. Sin lugar a dudas, el extremeño fue el revulsivo soñado por Rubi. Pero a tenor de su deficiente rendimiento durante toda la temporada, el jugador cedido por el Real Madrid está obligado a demostrar en las dieciséis jornadas que restan que lo de Butarque no fue flor de un día.