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Luis Enrique glosa una contra de libro

Rafa Quirós

19/02/2016

•  16:30 h.

CENTRAL Y FONDO

El día que el mejor entrenador FIFA del año volvía a casa para encontrarse en el banquillo de al lado con su amigo de la infancia, hermano gemelo desde la escuela del barrio hasta la selección nacional absoluta, los deportes del telediario abrieron con un video pescado en Internet en el que Piqué lanza una bomba informativa: "Ahora mismo yo soy español". La fuente del segundo video del bloque era el teléfono que grabó a unos hooligans del Barça cantando ripios en el avión del equipo contra sus propios jugadores, mercenarios distantes que ni se dignan saludar. Y eso es noticia de alcance a diez mil metros de altitud.

Por alguna facultad de Periodismo o sucedáneo convalidado habrá pasado el editor de una de esas versiones en boga de la variante futbolera de ‘Sálvame', que horas antes del Sporting-Barça en El Molinón desplazó a dos intrépidos reporteros a las afueras del estadio (al Bernabeu), a preguntar a transeúntes ocasionales si la alineación de Abelardo adulteraba o no la competición. Del abelardismo y sus alineaciones -la titular, la suplente y la mediopensionista- conocerá un transeúnte en la Castellana tantos nombres como Bertín Osborne de la Historia del Pensamiento Universal, pero nunca dejes que la realidad te estropee una rigurosa encuesta de calle. Que no te impida abundar en la conocida tesis del apostolado mourinhano: los entrenadores del Sporting ascienden al equipo a Primera de vez en cuando por el mero placer de alinear a los suplentes contra el Barcelona, para adulterar la competición.

Las buenas prácticas del presidente de la Liga de Fútbol Profesional y su cruzada en favor del equilibrio (los límites salariales, el reparto del pastel de las televisiones, los partidos programados para estimular a las audiencias potenciales en Java y Sumatra, los rutilantes fichajes con fraude incluido a la Hacienda pública, más una colección entera de Burgos Bengoecheas con sus bulas celestiales) chocan con el dichoso afán sportinguista de alfombrarle las diagonales a Messi sacando a los filiales. Fue el resumen de titulares (o de suplentes) del regreso de Luis Enrique a Gijón al frente del mejor equipo del mundo, para el senado de analistas en ese andamiaje de intereses creados que sustenta el fútbol moderno, y que conocemos por periodismo posmoderno. O cualquiera de sus sucedáneos.

En el ámbito de la información deportiva (valga el eufemismo) al posmodernismo mediático no le interesa tanto lo que haga Neymar como lo que diga el padre de Neymar. Luis Enrique consigue poner de los nervios a esa tropa en sus conferencias de prensa, cuando dibuja monosílabos glaciales con su mejor cara de vinagre. El otro día, un reportero anticuado con aviesas intenciones de hablar de fútbol le preguntó sobre la función de Sergi Roberto y la respuesta de Lucho fue el resumen en medio minuto de un tratado de estrategia zonal. No hubo rastro de él en las reseñas de prensa, por supuesto, como no hubo mención alguna a lo más llamativo de su comparecencia tras ganar en El Molinón, cuando les puso a huevo el titular a los rotulistas asilvestrados: "Luis Enrique glosa en Gijón una contra de libro". Y en el antetítulo: "De cuatro margaritos de Mareo que no dan el nivel para la categoría".

Tuvo que venir Luis Enrique a hacerle los honores a una contra de libro, rescatándola entre una edulcorada maraña de selfies, autógrafos, himnos y lucecitas blancas, y ese envoltorio de juegos florales en el que sólo se echó en falta alguna recepción en el Ayuntamiento, con la Alcaldesa disfrazada de Pepe Isbert. No dijo nada el mejor entrenador FIFA del año acerca de Jorge Meré, ni siquiera para interesarse por el remendado express de su oreja, y eso tiene dos lecturas: o disimula para ocultar que Meré vestirá de azulgrana más pronto que tarde o puede que aspire de veras a entrenar él al Sporting, para ir supervisando el crecimiento de una gran cosecha de margaritos. Lo insinuó el otro día en Barcelona ante la indiferencia de la tropa mediática, que estaría concentrada especulando sobre el próximo penalti en diferido de la MSN.

-Dos toques, sacudir; tres toques, paja.-recordaba tras la portería de Ezcurdia un alférez de complemento de sus tiempos en El Ferral, gafando a Luis Suárez ante el Pichu Cuéllar.

Si de verdad le está moviendo la silla el mejor entrenador FIFA del año a su vecino de la infancia tendrá que darse prisa; calcarle un sextete de despedida al guardiolismo y volver a casa para quedarse. Como se despiste, a esa generación de las contras de libro ya la habremos malvendido antes a plazos o regalado entera, que Messi sólo hay uno, como Di Stéfano, y no vamos a ir de quijotes.

Extraído de Central y Fondo, blog de Rafa Quirós

Rafa Quirós es uno de los periodistas más brillantes que ejercen la profesión en Gijón y en nuestra región. Profesional de Radio Nacional de España, sus columnas de opinión sobre el Sporting resultan de obligada lectura por su calidad, clarividencia y mordacidad.

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