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El Sporting de los Fernández y el reto del reloj estropeado

Pablo Gómez

19/05/2017

•  11:30 h.

<<Incluso un reloj parado o estropeado da la hora exacta dos veces al día>>.

La próxima temporada, la 2017-18, será la número 24 de la era Fernández en el Sporting. Y se llegará a ella tras el tercer descenso consumado en este período. Si la familia propietaria del club quiere equilibrar el balance económico con el deportivo, solo tienen que desencadenar la tercera ruina desde su llegada. Para tranquilidad del sportinguismo, esto no sucederá a corto plazo porque la fijación que tiene el actual presidente es conseguir unas cuentas impolutas de cara a la jugosa venta futura que le compensará los sufrimientos y los aún pequeños chaparrones que tiene que aguantar por el camino. Así que descartada una nueva desgracia económica, solo le queda a los Fernández un logro para redondear su currículum de pesadilla: que el club rojiblanco pise por primera vez en su historia los campos de la Segunda División B. Si se completara la cuadratura del círculo y se llegara a ese escenario, seguro que hay algún entrenador, algún director deportivo o algunos jugadores a los que culpar del trágico desenlace.

Porque ahora, con las redes sociales y las nuevas tecnologías, el discurso de la 'Casina de Cristal' no tiene límite en el Negrón. Venga, repetid todos juntos en voz alta, que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad: "todo lo malo que le viene ocurriendo al Sporting desde el año 1994 es una culpa repartida entre los 23 entrenadores que se han sentado en banquillo, los 265 jugadores que han vestido su camiseta, la casi decena de directores deportivos que son los únicos responsables de haber fichado a los 288 anteriores, los cientos de árbitros que han dirigido los cerca de mil partidos del Sporting de la era Fernández y una gran dosis de mala suerte".

Que el "crecimiento sin retorno" haya acabado en Segunda es una anécdota sin importancia. ¿Por qué va a salir mal el próximo proyecto: el de "equipo competitivo que no tiene necesidad de vender jugadores y que buscará un ascenso rápido"? Y, aunque fuera así, siempre se puede reescribir por enésima vez la historia para que no chirrie pregonar a los cuatro vientos que el Sporting es un club ascensor, que tiene que dar las gracias por visitar de vez en cuando el Camp Nou o el Bernabeu y que no puede aspirar ni a retener a sus talentos (todos son unos peseteros que se quieren ir), ni a fichar jugadores de nivel (no hay dinero para pagar un traspaso o la ficha es muy elevada). Un discurso que transporta al sportinguismo a una realidad paralela, en la que el Sporting jamás fue subcampeón de Liga, jamás fue subcampeón de Copa, jamás disputó una competición europea, jamás copó una lista de convocados de la Selección nacional, jamás tuvo pichichis ni Zamoras, jamás...

¿Que el Leganés se salvó esta campaña? ¿Que el Eibar acarició puestos europeos? ¿Que el Alavés llegó a una final de Copa del Rey sin sufrir en la Liga? Que no, que en la realidad paralela eso no está sucediendo. Sea como sea, el Sporting no puede competir en igualdad de condiciones y todos esos logros son imposibles, al alcance de unos pocos privilegiados. Lo constatan los datos. En estos casi 24 años de la era Fernández apenas se han clasificado para jugar en Europa el Real Madrid, el Deportivo, el Betis, el Barcelona, el Espanyol, el Sevilla, el Atlético de Madrid, el Valencia, el Tenerife, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad, el Mallorca, el Celta, el Zaragoza, el Alavés, el Villarreal, Osasuna, el Racing de Santander, el Getafe, el Levante y el Málaga. Nada, apenas 21 clubes diferentes en 23 años. Lo dicho, inalcanzable para el Sporting. ¿Y soñar con ser finalista de la Copa del Rey? Eso es aún más difícil. En la era Fernández apenas la han disputado el Deportivo, el Valencia, el Atlético de Madrid, el Barcelona, el Betis, el Mallorca, el Espanyol, el Zaragoza, el Celta, el Real Madrid, el Recreativo, Osasuna, el Sevilla, el Getafe, el Athletic y el Alavés. Nada, apenas 16 clubes distintos. Y todos ricos y poderosos.

¿Os está entrando rabia y envidia a partes iguales? Es tiempo entonces de comparar al Sporting consigo mismo y de no fijarse en los demás. Con los mimbres que recibió la actual propiedad (el equipo gijonés finalizó entre los diez primeros de la Liga de Primera en seis de las diez temporadas inmediatamente anteriores a la era Fernández), ¿cómo se les puede exigir tanto? ¿No consideráis todo un éxito que con la familia que se resiste a abandonar Mareo el Sporting haya quedado una única vez por encima del decimocuarto puesto en Primera División (10º con Preciado)? ¿La respuesta es no? Pues menos mal que no hemos mencionado antes que los Fernández solo han necesitado 23 años para disputar en Primera División el mismo número de partidos que el Sporting había disputado en la máxima categoría en los diez años anteriores a su llegada.

En definitiva, el Sporting de los Fernández no resiste una comparación ni con los demás ni con el propio pasado del club. Durante los 23 años de esta propiedad, únicamente dos etapas han estado a la altura del escudo: las encabezadas por Preciado y Abelardo. Los dos aciertos de los Fernández estuvieron marcados ambos por su escaso intervencionismo, por el protagonismo de esos dos entrenadores y por tener que aferrarse a Mareo ante la única presencia de telarañas en las cuentas bancarias. ¿Que reto podría proponerse Javier Fernández para la temporada número 24 de su familia al frente del Sporting? Solo hay uno: superar a un reloj estropeado y que los Fernández acierten tres veces en su ciclo de veinticuatro.

Pablo Gómez es periodista y trabaja desde 2003 en la sede central de la Agencia EFE en Madrid. También colabora con otros medios de comunicación (Cope Asturias, Ser Gijón, RPA, "Al Primer Toque" de Onda Cero y Golaverage). Es autor del libro “Los Cisnes” y ha participado en otras obras (“Derbi Solidario 2” y “La Soledad del Portero”). Además, desde 2006 edita el blog www.lacoladevaca.com

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